Cu
ando el trabajador se siente bien recompensado por lo que hace, su papel dentro de la empresa es fundamental. Pocas veces nos detenemos a pensar en que las computadoras, los equipos con la tecnología más avanzada y todos los activos de una empresa carecen de valor en ausencia de aquello que hace que todos estos elementos produzcan: el individuo.
La economía global en que vivimos se debate entre dos fuerzas antagónicas. Por un lado, las empresas más avanzadas tecnológicamente han efectuado una evolución de proporciones enormes, compitiendo en mercados donde nadie había llegado antes y alcanzado un crecimiento que, en otras épocas, no podían siquiera soñar. Otras no han encontrado aún el camino adecuado para actuar en la era actual. En los dos casos ha quedado atrás el antiguo trato entre empresa y empleado, aquel pacto implícito que aseguraba empleo de por vida y una jubilación segura a cambio de tan sólo demostrar lealtad y buen comportamiento año tras año. Hoy el empleo durará mientras las habilidades del empleado permanezcan.
Es más, el conocimiento per se, sirve de poco cuando no se cuenta con intuición, imaginación y capacidad de reacción oportuna, algo que por mucho que lleguemos a avanzar tecnológicamente, jamás nos podrá brindar una computadora. Todos sabemos que el uso de la intuición es fundamental al momento de tomar una decisión. Es una característica que nace con el individuo, o que se adquiere a través de la experiencia de muchos años, unida a una cadena de aciertos y una que otra equivocación.
Hasta hace poco, la habilidad para tomar decisiones empleando la intuición recibía escasa atención. Hoy, sin embargo, existe una mayor predisposición por parte de los altos ejecutivos a reconocer que la intuición mantiene una estrecha relación con el éxito.
La intuición es clave en un mundo en que los cambios económicos y políticos se dan a velocidades supersónicas. La intuición desarrollada plenamente, es una forma de conocimiento eficaz, además de rápida y precisa. De tal manera que las partes más sutiles del capital humano, se están convirtiendo en elementos clave en la estrategia de desarrollo de las grandes empresas.
Una característica del mundo corporativo actual radica en usar la información y el saber de sus recursos humanos como arma de poder. En un contexto donde abunda el tráfico de información, la capacidad también se convierte en un preciado talento. Hoy, acumular conocimiento indiscriminadamente para convertirse en erudito puede general admiración, no dinero.
Vale la pena recurrir a la celebre frase de Oscar Wilde, "La educación es algo admirable, pero hay que recordar que nada que realmente valga la pena saber puede ser enseñado. Hay que aprender a aprender".
La experiencia, además, encaja como un complemento indispensable del conocimiento. Un reto de las empresas radica en incentivar y gestionar cada vez más el conocimiento de sus empleados, en una genuina preocupación por el bienestar y seguridad de sus trabajadores, la fuerza motriz de la empresa moderna.
El trato entre empresa y trabajador ha cambiado radicalmente y esto debe estar claro para las dos partes. En el antiguo trato, la empresa mantenía habilidades constantes dentro del personal, pero aumentaba o disminuía personal dependiendo las circunstancias. En el nuevo trato la empresa mantiene constante el número de gente, pero aumenta las habilidades y atributos de esas personas y así se tiene empleados capacitados y se valora la habilidad para tomar decisiones basado en la intuición y base fundamental del éxito.
By: Jorge Carvajal
Posted: December 17, 2009 8:11 AM
Saludos cordiales.
By: GERARDO ARCE GUTIERREZ
Posted: December 17, 2009 4:18 PM
By: MSc. Cecilia García
Posted: January 14, 2010 9:49 AM
El hombre es lo más importante, el capital humano es el recurso más valioso de una empresa, de su inteligencia y empeño depende el éxito por lo que es de vital importancia mantener ese capital estimulado y bien capacitado.
También le envío un saludo fraternal al colectivo de Industria Alimenticia y a todos sus Lectores.
Buen año 2010!