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Una Dinámica Diferente

April 18, 2008

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<div>ELSA R. TORRES<br>Editora<br></div>
ELSA R. TORRES
Editora


Estamos ante una América Latina que vive una nueva experiencia en su economía

Acostumbrados a oír que llegarán días mejores para América Latina, cuando esta esperanza se hace realidad, por una extraña razón las cosas no cambian. El auge del consumo popular debería tener contento a todo el mundo: fabricantes, consumidores y gobernantes. Sin embargo, no es así. Todas las estadísticas e informes concuerdan en que los latinoamericanos han mejorado su nivel de vida pero no se sienten mejor. El porcentaje de latinoamericanos insatisfechos con su vida prácticamente no ha cambiado a lo largo de esta década, y los que se declaran muy satisfechos con sus logros apenas han aumentado del 27% a cerca del 30%, según una encuesta de Latinobarómetro.

Hay mecanismos psicológicos que impiden que el auge del consumo se traduzca en una mayor satisfacción. El hábito es uno de ellos, es decir la tendencia a acostumbrarse al nivel de vida material alcanzado hasta el momento. Después de tanto soñar con el auto nuevo, la casa y los muebles adecuados, al poco tiempo de haberlo conseguido olvidamos cómo vivíamos antes y sólo pensamos en la deuda contraída. Otro de los mecanismos es el aumento de las aspiraciones de consumo, debido a la comparación que frecuentemente hacemos con los vecinos, familiares y colegas, y al bombardeo publicitario. No importa que tanto mejore el nivel de consumo porque las aspiraciones siempre irán en aumento.

Pero las naciones se parecen mucho a las personas. Hay personas que van por la vida pensando en el día a día sin mayores preocupaciones por asegurarse un futuro próspero, mientras que otras se esfuerzan por lograr un mejor nivel de vida para no depender de su propio destino. Algo semejante ocurre con los países. Tenemos como ejemplo a Venezuela o Argentina que viven sin pensar en el futuro, el último, ha mostrado una mejoría que puede dar buenos indicios para el futuro. En cambio, Perú, un país que raramente es noticia en el ámbito económico, está atravesando por un gran momento. El crecimiento del PBI alcanzó el 8,99% en 2007, con un fuerte crecimiento del consumo (un crecimiento estimado en 7%), y con una destacada dinámica de la inversión que se incrementó en alrededor de un 23,4% al finalizar el 2007.

Por donde se la quiera mirar, la economía peruana sin duda goza de muy buena salud. La tasa de desempleo es del 6,9% y la tasa de inflación que, si bien en el 2007 alcanzó 3,9%, se encuentra controlada. En contraste, siempre nos encontramos hablando de la economía chilena, cuando queremos presentar una historia de éxito en América Latina.

Chile nos tiene acostumbrados a ser el portador de las mejores noticias de América Latina, pero durante el año pasado mostró unos de los menores crecimientos en ingreso per cápita de la región con 4,2%, de acuerdo a un informe de la CEPAL, muy lejos de Argentina y Perú, que tuvieron un final feliz con 7%. Pero no todo está perdido para Chile, las buenas noticias son que mejoró su nivel de inversiones como el porcentaje del PIB, ocupando el tercer lugar como uno de los destinos favoritos para la inversión de capitales extranjeros, al acumular un monto de US$ 15.401 millones, según cifras del Banco Central.

Estos recursos ponen a Chile en un tercer lugar en América Latina, superado por potencias regionales como Brasil, con US$ 32.000 millones y México, con US$ 16.900 millones, de acuerdo a las cifras de CEPAL presentadas al finalizar el 2007.

Si nos enfocamos en las condiciones laborales de la región, vemos que todos los informes están de acuerdo que en este aspecto se ha mejorado muy poco en los años recientes. Sin embargo, en Argentina y Colombia, que empezaron la recuperación con los mayores problemas de desempleo, las notables reducciones de las tasas de desocupación han contribuido a que el porcentaje de la población que se declara insatisfecha con su vida se reduzca fuertemente: de 34% a 28% en Argentina, y de 26% a 21% en Colombia, según el mismo Latinobarómetro.

El auge económico podría generar mucha más satisfacción si los gobiernos latinoamericanos se esforzaran tanto en facilitar el empleo formal y mejorar los sistemas de seguridad social, como se esfuerzan las grandes empresas productoras de consumo masivo en aumentar sus ventas y satisfacer tanto a clientes como colaboradores. Las empresas latinoamericanas trabajan arduamente, especialmente las de alimentos y bebidas para llevar el mejor producto a los consumidores, para mantener satisfechos a sus empleados directos e indirectos, pero necesitan toda la colaboración del gobierno para que su tarea sea más fructífera y consistente. Este puede ser un buen comienzo para que todos se sientan mejor.




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