El poder que van teniendo los latinos en Estados Unidos nos debe llevar a reflexionar. Acabo de encontrar unas estadísticas con cifras como estas: el poder adquisitivo de los latinoamericanos en este país es de US$700 mil millones anuales y las predicciones son de que para el año 2010 llegará a la no despreciable suma de un millón de millones de dólares. La tasa de crecimiento es casi tres veces del crecimiento total promedio de todo el país en la última década.
Pero el boom latino está siendo aprovechado por otros. Tenemos el ejemplo clásico. Hay entre cinco y seis millones de mexicanos en Los Angeles, y la Plaza México, que se construyó hace cincos años, fue obra de Donald Chae, un emigrado coreano, quien en vista de que la mayor parte de sus clientes eran mexicanos, empezó a transformarlo en lo que es hoy, un sitio del cual los mexicanos se siente muy orgullosos. En la Plaza México las fachadas de los edificios están pintadas de amarillo, azul y verde; en el centro hay una réplica del reloj del centro de Guadalajara, hecho con piedra importada de Tlaquepaque y no podía falta una estatua de Benito Juárez—donada por el gobierno de Oaxaca—junto a un altar de la Virgen de Guadalupe.
Chae encarna una tendencia casi inadvertida en este enorme nicho del mercado: muchas compañías dedicadas a servir a mexicanos y centroamericanos en Los Ángeles, no son de propiedad de latinoamericanos. Los grandes negocios concentrados en el mercado, a menudo, son propiedad de emigrantes de otros países: como coreanos, árabes, iraníes e israelitas, entre otros, que han construido su sueño americano, con dólares de latinoamericanos y, en muchos casos, sin siquiera hablar el idioma.
El Gallo Giro, un restaurante propiedad del francés Charles Bonaparte, cuya sucursal en Huntington Park—en el área de Los Ángeles—está considerada la de mayor espacio por metro cuadrado en la ciudad, forma parte de una cadena de ocho establecimientos que sirven tortillas, pozole y agua de tamarindo.
Hace 20 años la empresa Curacao surgió como repartidor de lácteos para convertirse en uno de los productores de queso mexicano más grande en Estados Unidos. La empresa emplea cerca de 600 personas en todo el país. Fue fundada por Gilbert de Cárdenas, emigrado cubano. Actualmente la firma tiene oficinas en las dos costas de Estados Unidos y planea una ampliación al medio oeste. “Hay migración mexicana desde California al Medio Oeste”, comenta María Cárdenas, hija del fundador y vocero de la firma. “Tenemos que estar donde quiera que vayan”.
Los mexicanos sí han abierto miles de negocios para servir a sus compatriotas, pero tienden a ser pequeños establecimientos familiares: mercados, panaderías, taquerías, restaurantes, tiendas de ropa y de discos. Unas pocas se han hecho grande, que es la excepción no la regla.
El estado de Florida se ha convertido en el sitio de arribo de los últimos emigrantes hacia Estados Unidos. No es difícil encontrar pequeños supermercados de barrio donde un matrimonio ayudado por dos empleados, venden productos de Argentina, Brasil, México, Colombia y Perú, porque son los países de procedencia de sus clientes.
El mercado de la “añoranza” lleva a cientos de pequeños supermercados a mantener sus estantes surtidos con productos para satisfacer el paladar de colombianos, venezolanos, brasileños, mexicanos y centro americanos por igual. Productos que no pueden encontrar en las grandes cadenas de supermercados y donde además, son atendidos con la cordialidad latina.
La proliferación de estos pequeños supermercados, no solo ayudan a los nuevos emigrantes a sentirse más cerca de su tierra, sino que han creado una interesante fuente de distribución de productos para las empresas latinoamericanas, que no pueden ignorar un mercado que cada vez tiene mayor poder adquisitivo.
La clase media hispana residente en Estados Unidos, también es un fenómeno dentro de la economía global del país. Durante la segunda mitad de los 90’s, la economía más grande del mundo tuvo un desempeño como nunca antes se había experimentado. Entre 1996 y el 2000, el producto interno bruto de Estados Unidos creció entre 3.7 y 4.5% anual.
Nunca se había presentado un crecimiento igual, por tan largo período de tiempo y en una forma tan rápida. A pesar de los problemas económicos del país, los hispanos formaron parte de los beneficios y oportunidades que aún brinda el país. El promedio de aumento en los ingreso para cada hogar de hispanos fue de 27.3% desde 1995 hasta el 2001, de acuerdo a las estadísticas del U.S. Hispanic Consumer Report.
Actualmente, sin duda alguna, vivimos una época de estancamiento, no tan sólo para los hispanos como para todo el pueblo norteamericano en general. Sin embargo, el mayor poder de compra de los latinoamericanos que llegan a Estados Unidos, es un nicho en crecimiento, donde no hay que hacer ninguna publicidad para convencer al cliente de la calidad o bondades de un producto con el que el que ellos crecieron y que conocen perfectamente, el cual buscan por añoranza o por costumbre. Esta es, sin duda alguna, una oportunidad para quienes buscar abrir nuevos mercados y nuevas oportunidades de negocios.
By: Ismael Suárez
Posted: June 12, 2009 3:33 PM